Llega a un punto tu vida donde tus emociones pasan a un segundo plano, ya no ves el amor igual, ya no ves a las personas con la misma gana que antes, simplemente buscas encerrarte y no tener contacto con nadie.
“No sé qué me pasa, en el día sonrió, me siento tan bien, pero por la noche es otra historia, mi mente me enferma, me lastima, me mata.”
Solo,
con depresión,
acostado en la cama
casi sin ropa,
fumando un cigarrillo barato
ya casi sin pulmones,
ya casi sin vida.
Cansado de las historias,
de los pensamientos.
De las personas,
de sí mismo.
Aburrido de los sueños,
de las noches,
de la tempestad.
La cama es incomoda,
pero está bien para morir.
Las pastillas son caras,
pero está bien para morir.
La habitación es pequeña,
pero está bien para morir.
La mañana es sombría
pero hace sol.
Y el cuerpo de un escritor
yace en la cama de una habitación mugrienta
en un hotel mugriento
sin alma.